Workertech: Cómo la tecnología puede mejorar los empleos emergentes en América Latina y el Caribe

BID / Abril 29, 2021

  

Hoy en día, pensar solo en términos de trabajo tradicional ignora a los millones de personas que agregan fuentes
de ingresos y dan forma a sus vidas mediante una amplia variedad de relaciones laborales no convencionales.

  • En América Latina y el Caribe (ALC) la tasa promedio regional de informalidad es del 56% (BID, 2020).
  • Dentro del empleo formal, por sexto año consecutivo el empleo asalariado se expandió menos que el trabajo por cuenta propia en ALC (CEPAL/OIT, 2019).
  • En 2019 había aproximadamente unos 40 millones de trabajadores de plataformas en el Sur Global en amplia variedad de sectores. En 2020 la plataforma argentina Workana, con más de 3 millones de freelancers registrados, afirmó sumar más de 1.600 nuevos trabajadores cada día. Uber, solo en México, tiene más de 250.000 socios conductores. Rappi tiene más de 200.000 repartidores en los países de América Latina donde opera.

Los sistemas fiscales y de protección social están optimizados para el empleo tradicional. El COVID-19 ha evidenciado cómo la red de protección social no cubre a las personas con trabajos no tradicionales. Estos nuevos modelos laborales generan nuevos desafíos para trabajadores, policymakers, empleadores e instituciones.

El reto es desarrollar un régimen común de derechos laborales y protección social para todas las personas trabajadoras, más allá de su estatus jurídico laboral.

WorkerTech es una forma posible de poner la tecnología al servicio de los trabajadores

  • Ayuda a:
    1. Garantizar el acceso a cobertura y derechos laborales básicos;
    2. Optimizar la productividad y desarrollo profesional;
    3. Facilitar la organización colectiva, tanto a nivel sindical como profesional.
  • Surge en el contexto de las necesidades de los trabajadores de plataforma, pero presenta herramientas útiles para todo tipo de trabajadores.
  • Es un ecosistema emergente que necesita reconocimiento y consolidación. También requiere coordinar con el sector público para no crear un sistema paralelo.

El trabajo, ayer y hoy: la “plataformización” de las relaciones laborales

No todas las nuevas modalidades de trabajo mediante plataformas están en la misma situación. No todas las plataformas laborales entablan la misma relación con sus usuarios trabajadores.

La controvertida tendencia de las plataformas a clasificar a sus trabajadores como contratistas independientes impacta negativamente en los derechos individuales y colectivos de estos trabajadores, su capacidad de acceder a los esquemas de protección social y, potencialmente, en los ingresos fiscales de los estados. El desequilibrio de poder entre plataformas y trabajadores inherente a la arquitectura de la mayoría de las plataformas (OIT, 2018a) aumenta aún más la preocupación sobre la erosión del contrato social, los derechos de los trabajadores y el poder de negociación colectiva.

A lo largo de la historia, cada revolución tecnológica ha beneficiado primero a los empleadores y solo después, tras luchas colectivas y la participación pública,  los empleados. Las respuestas a las desigualdades de poder han llegado por la acción colectiva de los trabajadores, la organización sindical, la creación y el fortalecimiento de sistemas de protección social y la regulación de las relaciones laborales. En esta tercera década del siglo XXI  se atraviesa una situación similar. WorkerTech es una de las posibles formas que existen para poner la tecnología al servicio de los trabajadores para que la revolución tecnológica en curso sea beneficiosa también para ellos.

El impacto del COVID-19

A esta situación hay que sumar el impacto del COVID-19, que ha acelerado tendencias preexistentes y ha añadido urgencia a estos debates.

Algunas proyecciones estiman que, debido a la crisis generada por el Coronavirus, en la región se han perdido más de 15 millones de empleos en los doce meses entre febrero de 2020 y febrero de 2021 (Observatorio laboral COVID-19,
BID). Al mismo tiempo, la crisis es un contexto propicio para el crecimiento del uso de plataformas digitales laborales por tres motivos principales:

  1. Los trabajadores ven en las plataformas un recurso ágil para encontrar trabajo. En Chile, en el mes
    de mayo de 2020, Rappi subió a 7.000 repartidores activos al día con 55.000 registrados (antes
    eran 4.000 activos sobre 40.000 inscritos) y PedidosYa los aumentó 20%. Cabify incrementó en 78% los
    conductores en su categoría Easy Taxi desde marzo de 2020. En DiDi, más de 17.000 conductores
    inscritos en el servicio express se sumaron desde marzo hasta junio del mismo año. Un reciente análisis
    de Workana reveló que la actividad de freelancers en América Latina creció un 42% entre febrero y abril
    de 2020.
  2. En un contexto de alta incertidumbre, las empresas buscan incorporar talento externo y no añadirlo de manera fija a la plantilla. Durante el confinamiento con teletrabajo forzado las empresas han recurrido a las plataformas
    para contratar expertos en IT para realizar las instalaciones necesarias. Es probable que los trabajadores
    independientes se encuentren con más demanda en el futuro, con un 47% de los gerentes de contratación más propensos a contratar profesionales independientes desde la crisis de COVID-19 que en el futuro, según una investigación realizada por Upwork. Asimismo un artículo de Harvard Business Review muestra que el número de
    este tipo de plataformas ha subido de 80 en el 2009 a 330 hasta los finales de 2020, y que casi todas las empresas de Fortune 500 están utilizando una o más de ellas. 
  3. Los consumidores han digitalizado muchas de sus interacciones laborales, sociales, así como también el consumo y las compras online. Esto último ha generado un mayor uso de los sistemas de reparto mediante plataformas.  Por el lado del acceso a protecciones sociales se ha puesto aún más en evidencia durante el confinamiento cómo, en términos generales, las nuevas modalidades de trabajo han estado menos o nada protegidas. Los gobiernos han desplegado medidas de urgencia para dar protección a estas personas trabajadoras. Todo ello ha acelerado el debate acerca de la regulación y la protección de los trabajadores mediante plataformas y del teletrabajo.

¿Qué es WorkerTech y por qué es relevante para América Latina y el Caribe?

WorkerTech se define como los servicios digitales que ofrecen a los trabajadores independientes beneficios para mejorar las protecciones sociales y la productividad.

Los servicios WorkerTech pueden cubrir una o más funcionalidades, uno o más beneficios y prestaciones. El conjunto de necesidades para los trabajadores en modalidades de trabajo no tradicionales se agrupan en tres bloques  principales:

  • Acceso a coberturas y derechos laborales básicos como seguro médico, vacaciones, pensiones, etc. con
    un escenario de múltiples empleadores. En el entorno digital hay que considerar también nuevos derechos,
    como el derecho a una identidad digital soberana, a una reputación portátil y el derecho al olvido.
  • Productividad y desarrollo profesional como formación, herramientas de trabajo, gestión administrativa,
    servicios financieros, acceso a clientes, etc.
  • Organización colectiva, tanto a nivel sindical como a nivel profesional.

Magnitud y tendencias de las nuevas formas de trabajo

La relevancia de los servicios WorkerTech en América Latina y el Caribe viene dada por:

  • La cantidad de trabajadores no tradicionales (algunos mediante plataformas, otros sin plataformas) y el volumen de economía informal en la región, donde WorkerTech puede servir como camino para empezar a generar incentivos hacia la formalidad y la inclusión financiera.
  • Las facilidades o dificultades que tengan estos trabajadores para acceder a los sistemas de protección social y apoyo.
  • El nivel de digitalización de la economía y los servicios públicos relacionados con el empleo, al igual que el grado de digitalización de la ciudadanía en general.
  • El estado de los debates regulatorios acerca del trabajo de plataformas y las nuevas modalidades laborales en general (ej: teletrabajo).

A todo ello hay que sumar los múltiples impactos del COVID-19 como acelerador de tendencias preexistentes.

Empleo informal y creación de empleo

En América Latina y el Caribe, de un total de 292 millones de personas empleadas, 158 millones trabajan en  condiciones de informalidad, equivalente a una tasa promedio regional de 56% (BID, 2020).

Además, la tendencia parece consolidarse. En la región, por sexto año consecutivo el empleo asalariado se expandió menos que el trabajo por cuenta propia (CEPAL/OIT, 2019). La debilidad de la creación de empleo asalariado
fue bastante generalizada. En los 14 países analizados, el empleo asalariado solo registró una mayor tasa de crecimiento que el trabajo por cuenta propia en tres países. (Chile, Honduras y República Dominicana).

Trabajadores independientes

Otro indicador al que los gobiernos y think tanks están dedicando mayor atención es el del crecimiento del trabajo independiente. La definición de “freelance” o “trabajador independiente” o “autónomo” no es siempre directamente
comparable, pero la revisión de los datos permite obtener una primera foto de la situación.

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