El proyecto JALA, o cómo crear tecnología boliviana de exportación

Los Tiempos / Marzo 01, 2017

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Fuente Imagen: Los Tiempos

Hace seis meses empezaron a funcionar en EEUU y algunos otros países automóviles y buses conducidos por computadoras. Se prevé que su masificación se consolidará en el curso de esta década. También se calcula que para ese tiempo la mayoría de los vehículos serán propulsados por las cada vez más populares energías alternativas. El petróleo y el gas se batirán en retirada y sus precios caerán más.

La inteligencia artificial (AI, por sus siglas en inglés) ya va sustituyendo a recepcionistas, telefonistas, mensajeros, repartidores de pizzas, etc. Con sus credenciales de eficiencia y rendimiento cada vez más cualificadas, va desplazando toda competencia humana. Y claro las fábricas que trabajan 24 horas al día y siete días a la semana aumentan mes a mes en Europa y Japón. Sus obreros constituyen sumisos robots de formas y colores precisos para las necesidades de cada industria.

Ése es el mundo que aceleradamente se viene, cargado de todas las implicaciones económicas y sociales que se quiera imaginar. Y es un mundo en el que ni Bolivia ni Latinoamérica producen la tecnología que aviva a esta nueva revolución. Constituye una de las preocupaciones centrales de Jorge B. López Lafuente, el principal ejecutivo del Grupo JALA, el consorcio de alta tecnología pionero en Bolivia.

El año 2003 le dije a un grupo de ingenieros bolivianos: ‘Estoy aquí porque vamos a competir con los EEUU, vamos a crear soluciones tan complejas como las que crean ellos y vamos a venderlas a las empresas más grandes del mundo’ –recuerda López-. ¿Qué me respondieron?: ‘Te creo Jorge, pero ¿cómo se come esto?’ Y muy en el fondo, seguramente decían: ‘mmm, ojalá que salga’. Pero hubo un loco que me dijo: ‘Te sigo, cómo hacemos’. Nos quitamos esa barrera mental y, en 2005, los ingenieros JALA lo demostramos con hechos”.

La historia de Jala

El ejecutivo recibe a OH! en su despacho de la sede JALA. Ese complejo que parece haber sido trasplantado desde el Silicon Valley a la esquina de las avenidas Simon López y Pérez de Holguín de Cochabamba. Cinco edificios inteligentes que emergen detrás del logo empresarial con sus armazones colmados de metales livianos y cristales. Adentro, un mundo de sensores que activan alarmas, luces intermitentes, accesos y elevadores; y decenas de salas con ingenieros concentrados en sus teclados o en conversaciones bilingües a distancia.

La edificación, por sus particularidades, se ha convertido desde su estreno en 2008 en uno de los referentes de la urbe. Y marca otro de los hitos de esta historia, profundamente personalizada en la historia de López. Este ingeniero de Sistemas cochabambino, afecto a la descripción de procesos que completa con expresiones cargadas de energía, fue a estudiar a EEUU a sus 17 años. Tras su egreso, en aproximadamente tres lustros, fue parte de los equipos que protagonizaron los grandes saltos de transnacionales como Dove Sistems y NET-IQ.

“Entré a Dove Sistems cuando esta empresa tenía 150 empleados –recuerda Jorge López-. Me retiré 9 años más tarde. Dove Sistems era la segunda empresa de software más grande del mundo y tenía 3.000 trabajadores más una infraestructura tremenda. Me fui a NETIQ, junto con sus fundadores, coadyuvé a fundarla. Era una empresa que apenas contaba con 15 personas. Seis años más tarde NETIQ tenía 4.000 empleados a nivel mundial. Desarrollamos la cuarta plataforma de administración de datos de todo el planeta, la APP Manager. Mis acciones pasaron de cotizar en 20 centavos de dólar a 127 dólares”.

López entonces era un treintón que bien podía organizar el resto de su vida en una apacible playa caribeña. O podía proyectar un emprendimiento en alguna de las ultramodernas capitales tecnológicas. Pero desde muy jovencito tenía la espina de romper el paradigma del derrotismo boliviano y latinoamericano a la hora de crear industria y tecnología. Y decidió apostar su capital y prestigio profesional, presentó ante el directorio de NET IQ el proyecto JALA.

Y en 2001 retornó a Cochabamba a generar software, a, por esa razón, conectarse desde allí informáticamente con el mundo. Y vino a enfrentar desafíos que incluían, por ejemplo, la falta de instalaciones del servicio de internet. Es más, Bolivia atravesaba una aguda crisis política y económica y social.

-“No me hice problemas –explica López-. Instalamos una antena satelital y durante ocho a nueve meses armamos nuestro equipo de ingeniería. Y, contra lo que muchos podían esperar, seguimos aquí hoy. En 2001 éramos seis personas, ahora somos más de 800 personas, 600 ingenieros, todos bolivianos. Empezamos como JALA Soft, ahora somos el grupo JALA, conformado por tres instituciones”.

Crear Plataformas e ingenieros Jala

Cada una de las partes del consorcio ha tenido sonados logros. JALA Soft dio el primer batacazo en 2005. La empresa creó la XIAN Network Manager, una compleja plataforma que monitorea la calidad de conexión entre dispositivos y redes. El éxito de este producto puede medirse por los clientes que lo adquirieron: la Agencia de Impuestos de EEUU (IRS, por su sigla en inglés), la Armada de EEUU, la Agencia Aeroespacial de Canadá, la automotriz Susuki, la compañía cosmetológica L’Oreal, entre otras.

El otro brazo del grupo constituye la Fundación JALA destinada a formar su propio capital humano, sus ingenieros informáticos.

“Nos cuesta formar un ingeniero tres años. El profesional boliviano llega a la institución con un 30 a 35 por ciento del conocimiento de esta industria, el restante porcentaje tenemos que enseñárselo nosotros. Un año de instrucción gratuita, de ocho horas diarias y cinco días a la semana. Los mejores entran a las escuelas de ingeniería de JALA Soft y tienen 24 meses para convertirse en ‘ingenieros JALA’”.

Los “ingenieros JALA” ya son parte de equipos de alta producción software y en proyectos de creación intelectual. El grupo invierte actualmente 3,5 millones de dólares anuales en sus programas educativos. Coordina labores con las universidades Mayor de San Simón, Católica y Privada de Bolivia. Desde 2015 amplió sus alcances al proyecto formativo complementario, “educación por razonamiento”, Jaque Mate que se aplica en 32 colegios tanto privados como fiscales. En la lista se hallan instituciones como el San Agustín, el Don Bosco, Anglo Americano, Bolívar, Sucre y Junín.

JALA ha logrado un importante aliado en las escuelas de la orden salesiana y se proyecta hacia un Campus del Saber que integrará escuelas, universidades e industria. Su proyecto Jaque Mate ha merecido especial consideración del Banco Interamericano de Desarrollo que pretende ampliar la iniciativa hacia otras regiones bolivianas.

-“Hemos demostrado que algunos colegios pueden ponerse a la par de los mejores incrementando las horas de trabajo –celebra el ejecutivo de JALA-Lo hicimos con nombre y apellido de cada chico. Mostramos cómo sí hay la capacidad, cómo suben de nivel. Y mostramos que nuestro ingeniero, con tres años más de preparación es competitivo. ¡Mostramos que sí, que el boliviano puede!”.

Crear industria

Y a partir de ese ideal de independencia tecnológica, apuntalado por un sistema educativo, JALA amplía sus actividades a la industria tecnológica. Baste señalar que esta semana el grupo logrará otras primacías a nivel nacional: participará en el Congreso Mundial GSMA de telefonía móvil que desde esta noche se realiza en Barcelona. Fue invitado a presentar el ACCIONE (Ver recuadro), nada menos que el primer teléfono inteligente de alta tecnología boliviano.

López a poco de partir rumbo a Barcelona remarca la importancia de este producto próximo a salir a la venta: “Pese a que nuestros ingresos son en general menores a los de los norteamericanos o europeos, los latinoamericanos somos importadores de tecnología en forma de productos terminados. Pagamos más que ellos por los mismos productos tecnológicos. El costo extra es el resultado directo de no ser dueños de la propiedad intelectual. Estamos obligados a pagar aproximadamente 40% de impuestos de importación en Bolivia, y no controlamos ni la calidad ni las especificaciones de los productos”.

Parte rumbo al evento donde surgirán las primicias de la tecnología de quinta generación (5G) en las telecomunicaciones. Uno de los ejes centrales de esa revolución de automatizaciones mecatrónicas y cibernéticas que transformarán al mundo así como el automóvil hace un siglo o el internet hace dos décadas. López va a la cita orgulloso de lo alcanzado en 15 años de trabajo en la llajta. No deja de remarcar la educación como eje central de su proyecto y los valores que le legaron el colegio Loyola y su padre: José Antonio López Arce, inspirador del acrónimo JALA.

-“Creo mucho en mi país. Como ingenieros bolivianos nos sacamos la barrera mental, nos sacamos ese prejuicio. El ingeniero JALA no tiene esas barreras mentales y dijo: ‘sí, somos tan capos como ellos’. Porque todos los días competimos, hacemos, sacamos resultados, crecemos año tras año, producimos y exportamos software”. Luego sentencia, con su marcada dicción y sus cierres enérgicos: “Y lo que hasta hoy hemos hecho es la tercera parte de lo que aún pienso hacer”.

ACCIONE, primer iPhone boliviano

ACCIONE es el teléfono inteligente de alta tecnología que decidió producir JALA. Fue diseñado en Cochabamba. Tiene alta sensibilidad. Sus modelos están adaptados a las características anatómicas del usuario latinoamericano. Se halla dotado, entre otras particularidades, de identidad de huella. Se estima que costará 110 dólares en Bolivia. Sus centros de atención se abrirán inicialmente en el eje central de Bolivia. Se prevé ingresar cada 15 meses a un nuevo mercado en el exterior del país.

Fue desarrollado con procesadores QUALCOMM y un sistema operativo (OS) nuevo.

QUALCOMM tiene el 65 por ciento del mercado mundial de procesadores 4G y 5G. Marcas como Apple y Samsung son también sus clientes. Creada en 1985, virtualmente reina en el desarrollo de los chips, del silicon, sin riesgos a la vista. Por ello, sus productos son básicamente asimilados por el mundo tecnológico. Como resultado de la elección adoptada, ACCIONE contará con los beneficios de fluidez y rapidez propias de la tecnología Qualcomm para el manejo de datos e imágenes.

JALA para su proyecto ACCIONE también realizó una alianza estratégica con la compañía finlandesa Jolla. Esta alianza y la elección de hardware permitirán controlar la calidad y funcionalidad para el mercado boliviano y latinoamericano. Con ello se contribuirá a alcanzar los objetivos del Grupo JALA en cuanto a lograr independencia tecnológica para Latinoamérica.

ACCIONE tendrá el Sailfish OS de JOLLA, para que desde Bolivia en Latinoamérica se desarrolle y controle este nuevo sistema operativo. Se trata de un sistema de código abierto especializado en dispositivos móviles. A diferencia de sistemas como el Android de Google o el iOS de Apple que dominan el mercado mundial, no es un sistema operativo móvil “cerrado”. El problema con un sistema operativo cerrado radica en que obliga al resto del mundo a depender de tecnología que no está bajo su control.

Jorge Lopez comenta: “Incluso un país desarrollado y tecnológicamente avanzado como Rusia, ha optado por usar Sailfish OS debido a su código abierto y al hecho de que le proporciona los componentes de seguridad que Rusia precisa controlar para su propia independencia tecnológica. El Sailfish OS de Jolla es una alternativa real a Android, para nuestras necesidades en la región”.

Luego añade: “El control de los dos sistemas operativos más usados en el planeta, Android de Google e iOS de Apple, está en manos de empresas estadounidenses. El motor de la economía para los siguientes 30 años es la tecnología. El sistema operativo es el corazón y cerebro de los celulares inteligentes y, si no controlamos el sistema operativo, Latinoamérica una vez más estará relegada a ser solo un consumidor”.

«No me hice problemas –explica López-. Instalamos una antena satelital y durante ocho a nueve meses armamos nuestro equipo de ingeniería. Y, contra lo que muchos podían esperar, seguimos aquí hoy. En 2001 éramos seis personas, ahora somos más de 800 personas, 600 ingenieros, todos bolivianos»

«El año 2003 le dije a un grupo de ingenieros bolivianos: ‘Estoy aquí porque vamos a competir con los EEUU, vamos a crear soluciones tan complejas como las que crean ellos y vamos a venderlas a las empresas más grandes del mundo –recuerda López»

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