
Agropecuarios apuntan a convertirse en el epicentro económico del país.
El sector agropecuario boliviano apunta a convertirse en el nuevo epicentro económico del país. Bajo la meta de generar $us 12.000 millones anuales en exportaciones hacia 2033, el presidente de la CAO, Klaus Frerking, proyecta una transformación radical que busca convertir a las tierras bajas en el epicentro financiero y principal pulmón de divisas del Estado.
Para alcanzar esta meta, Frerking explicó que el país requiere un giro estructural basado en tres pilares: liberación total de exportaciones, aprobación de biotecnología y seguridad jurídica para la tierra productiva.
El presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) advirtió que la discrecionalidad en las exportaciones actúa como un “freno de mano” para la inversión privada. Según el sector, el primer componente para disparar la producción de soya, carne y maíz reside en la seguridad jurídica y la apertura estratégica de mercados, factores que permitirían capitalizar la creciente demanda global.
La estabilidad en las reglas del juego es el motor de la inversión. Frerking enfatizó que la previsibilidad jurídica y económica es la condición sine qua non para atraer capitales frescos, expandir la frontera agrícola y potenciar los rendimientos por hectárea, factores necesarios para la competitividad del sector.
Para el representante del sector, la aprobación de nuevos eventos transgénicos se mantiene como un segundo componente de prioridad estratégica. “La biotecnología no es solo una opción, sino una herramienta indispensable para garantizar la productividad frente al clima y reducir costos operativos. Sin semillas de nueva generación, el agro boliviano queda rezagado ante la ventaja competitiva de los países vecinos que ya integran paquetes tecnológicos de vanguardia”, dijo.
La plena garantía sobre el uso de la tierra constituye el tercer componente estratégico del plan. Sin embargo, el agro advierte un escenario crítico: mientras persistan la incertidumbre normativa y las tomas de tierras, el capital destinado a proyectos de largo aliento seguirá refugiado en la cautela.
La CAO condiciona la meta de los $us 12.000 millones en exportaciones a un horizonte de estabilidad institucional de 10 años, clave para el salto tecnológico y la expansión de la infraestructura productiva.
“El éxito de este objetivo posicionaría al agro como el eje central de la economía nacional. El impacto sería triple: estabilidad para el tipo de cambio, una balanza comercial superavitaria y la dinamización laboral de todo el tejido agroindustrial”, consideró.
En ese entendido, la propuesta del sector agropecuario no es solo sectorial; plantea un rediseño de política productiva orientado a exportar más, con mayor valor agregado y bajo reglas estables. El desafío, ahora, es si el entorno normativo acompañará esa visión de crecimiento sostenido hacia 2033.
Con el objetivo de reactivar la economía nacional, la CAO propone un modelo basado en la productividad y la libre operación del mercado, pilares fundamentales para que Bolivia retome su crecimiento sostenible.