90 años de INTI: sol, Mentisan y patrimonio en su nuevo museo

LOS TIEMPOS / Abril 15, 2026

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90 años de INTI | Los Tiempos

Droguería INTI conmemora noventa años de existencia, un hito que merece reconocimiento no solo por su longevidad, sino por su consolidación como un patrimonio cultural y social de la población boliviana. Su trayectoria histórica refleja la intersección entre desarrollo industrial, tradición y compromiso con el bienestar colectivo, simbolizando al mismo tiempo la historia, la memoria institucional y el arraigo de valores nacionales.

El empresario Ernesto Schilling Huhn, quien en 1936 creó la Droguería INTI, es recordado por muchos como el “Papá Shilling”.

Su historia no solo comienza en Bolivia, sino en Europa, en un contexto marcado por transformaciones económicas y sociales que impulsaron grandes olas migratorias hacia América Latina durante finales del siglo XIX y principios del XX. Schilling llegó como inmigrante a Bolivia en una época en la que el país ofrecía oportunidades, pero también enormes desafíos: una geografía exigente, infraestructura limitada y un sistema de salud aún en desarrollo.

Como muchos extranjeros de su tiempo, no tenía garantizado el éxito. Lo que sí tenía era formación, disciplina y una visión clara: aportar al bienestar de las personas a través de la medicina. Su llegada coincidió con un momento clave en Bolivia, cuando comenzaban a consolidarse los primeros esfuerzos por modernizar el acceso a medicamentos y servicios de salud.

Lo que distingue su historia no es solo el emprendimiento, sino la decisión de quedarse. Bolivia dejó de ser un destino temporal y se convirtió en su hogar. Esa elección marcó todo lo que vino después. En lugar de limitarse a importar medicamentos, Schilling apostó por construir una industria farmacéutica local, algo ambicioso para la época, considerando las limitaciones tecnológicas y logísticas del país.

Los primeros años de Inti

Así nació Droguería INTI, con un enfoque que combinaba calidad, accesibilidad y adaptación al contexto boliviano. Durante sus primeros años, la empresa creció lentamente, enfrentando dificultades económicas, problemas de distribución y un mercado aún pequeño. Sin embargo, Schilling tenía una ventaja clave: entendía que la confianza se construye con constancia. No buscaba resultados inmediatos, sino permanencia.

A lo largo de las décadas, la empresa evolucionó junto con el país. “Superó crisis económicas, cambios políticos y transformaciones en el sistema sanitario”, según sus ejecutivos, adaptándose a nuevas regulaciones y avances científicos. Con el tiempo, se consolidó como una de las industrias farmacéuticas más importantes de Bolivia, ampliando su portafolio de productos y fortaleciendo su presencia en todo el territorio nacional.

Museo INTI: un legado histórico que trasciende generaciones

En el marco de sus 90 años, Droguería INTI inauguró un museo que se perfila como un verdadero testimonio de la historia farmacéutica boliviana. Más que un espacio expositivo, el Museo INTI concentra un patrimonio tangible e intangible: fotografías, maquinaria original de mediados del siglo XX, fórmulas históricas y documentos que revelan la evolución de la empresa y, a la vez, la transformación de la salud en Bolivia.

Cada pieza es un vestigio de un tiempo en el que emprender era un desafío mayúsculo, y cada historia detrás de esos objetos refleja la determinación de quienes contribuyeron a consolidar una industria nacional.

La apertura del museo se convirtió en un acto histórico. Los Tiempos fue invitado y agradece la deferencia, que permitió ser testigo de un momento significativo para la industria farmacéutica boliviana y para la memoria colectiva del país.

Ejecutivos, trabajadores y medios de comunicación se reunieron para presenciar la inauguración de un espacio que no solo conserva objetos, sino que preserva la memoria colectiva de una empresa que ha dejado huella en millones de vidas.

Dirk Schilling Dalgas, presidente del Directorio, hizo énfasis en el valor histórico del museo: “Este museo es también un espacio de memoria histórica para Bolivia”, dijo.

En sus salas, el visitante puede recorrer la trayectoria de Droguería INTI, desde sus inicios bajo la visión de Ernesto Schilling Huhn hasta su consolidación como un referente en el país, comprendiendo cómo innovación, esfuerzo y constancia se convirtieron en pilares de su éxito.

Gonzalo Muñoz Reyes, gerente técnico de la empresa, hizo hincapié en la dimensión simbólica del museo. “Hoy no estamos simplemente inaugurando un museo; estamos abriendo un espacio donde la memoria se transforma en propósito. Cada fotografía, cada maquinaria, cada fórmula es un hilo que conecta el pasado con el presente y proyecta nuestra historia hacia el futuro”, puntualizó.

El Museo INTI no solo se concibe como un espacio de exhibición, sino como un instrumento de educación y reflexión histórica. Permite a las nuevas generaciones conocer el recorrido de una empresa que, desde sus humildes comienzos, contribuyó a estructurar un sector farmacéutico sólido y confiable, mientras respondía a las necesidades de la sociedad boliviana. Al recorrer sus salas, se percibe la pasión de quienes, durante nueve décadas, trabajaron para transformar un sueño empresarial en un patrimonio nacional.

El sol en una latita verde: la alquimia del Mentisan

Si hay un símbolo que humaniza la historia de Droguería INTI, ese símbolo es Mentisan.

El Mentisan no se explica; se hereda.

No es solo un ungüento: es un gesto aprendido. Una madre que frota el pecho de su hijo en la madrugada. Un abuelo que insiste en que “esto siempre funciona”. Una pequeña lata circular verde que aparece cuando todo lo demás falla o todavía no llega.

En Bolivia, Mentisan no es simplemente un producto farmacéutico: es una certeza.

Su olor característico —mezcla de eucalipto, mentol y otros componentes— no solo remite a alivio físico, sino a memoria emocional. Es un aroma que atraviesa generaciones y activa recuerdos de cuidado, familia y protección. Su uso se ha extendido más allá de su función original: aliviar resfríos, dolores musculares o congestión. Se ha convertido en una especie de “remedio universal” dentro del imaginario colectivo boliviano.

“El Mentisan lo cura todo” es una frase común en muchos hogares, y en ella hay algo más que fe. Hay tradición. Porque Mentisan no solo alivia síntomas; calma una forma de miedo: el miedo a la enfermedad, a la distancia, a la incertidumbre.

Penetración cultural

Pertenece a la vida cotidiana de manera casi invisible. Está en viajes, botiquines improvisados, mochilas escolares, bolsos familiares. No se cuestiona su presencia porque siempre ha estado ahí. Forma parte del paisaje doméstico, como un objeto más, pero con un significado mucho más profundo.

Y, sin embargo, detrás de esa cotidianidad hay una historia industrial importante.

El nivel de penetración cultural de Mentisan no es casualidad: es el resultado de décadas de trabajo, adaptación y comprensión del contexto boliviano. Es un producto que logró trascender su categoría para convertirse en símbolo.

En el marco de los 90 años de Droguería INTI, el Mentisan adquiere un peso especial. No es solo un producto vigente; es un hilo que conecta el origen con el presente. Es la prueba de que una idea puede sobrevivir a su creador y seguir teniendo sentido.

En esa pequeña lata verde hay algo más que un ungüento. Hay una alquimia simbólica: olor a eucalipto, sí, pero también a vida, a esperanza, a familia y a tradición. Es una especie de cápsula de memoria colectiva.

Mentisan no es solo medicina. Es sentimiento. Es herencia. Es un gesto que pasa de mano en mano, de generación en generación, de hogar en hogar, de pulmón a pulmón.

Porque hay productos que se usan… y otros que se quedan. Mentisan pertenece, sin duda, a estos últimos.