
El panel destacó que Bolivia puede construir un sistema eléctrico moderno y sostenible, si avanza en regulación, inversión y apertura del mercado.
El conversatorio “La nueva visión del sector eléctrico”, realizado en el Aula Magna de la Universidad Privada de Santa Cruz (UPSA), fue un espacio de análisis estructural del futuro energético del país, en el cual panelistas como el viceministro de Electricidad y Energías Renovables, Marcelo Blanco; el especialista senior en energía del BID, Edwin Antonio Malagón; y el coordinador del programa ProTransición de la GIZ en Bolivia, Claus-Bernhardt Josht, coincidieron en que Bolivia atraviesa un momento decisivo para redefinir su modelo energético.
Desde el inicio del diálogo, el diagnóstico fue claro. “Bolivia se encuentra en un punto de inflexión histórico”, se planteó, al advertir que la actual matriz energética mantiene una alta dependencia de fuentes termoeléctricas basadas en gas natural. “El país se enfrenta al desafío de transformar una matriz energética donde gran parte de la generación eléctrica depende de fuentes termoeléctrica, bajo un esquema que plantea importantes interrogantes sobre su sostenibilidad en el tiempo”, se enfatizó.
En ese sentido, el viceministro Blanco explicó que la transformación del sector requerirá abrir espacios a la inversión privada. “La transición energética que debemos encarar no es únicamente tecnológica, sino también institucional, económica y social”, sostuvo, al tiempo de remarcar que el país necesita “modernizar marcos normativos, atraer inversión, impulsar innovación y fortalecer capacidades humanas” para avanzar hacia un sistema más diversificado y eficiente.
De acuerdo con la autoridad, el enfoque del país no apunta a una transición energética en sentido estricto, sino a un proceso de diversificación. Subrayando que el gas natural seguirá siendo parte de la matriz, pero bajo una lógica de equilibrio con nuevas fuentes.
En ese marco, explicó que la Empresa Nacional de Electricidad (ENDE) continuará siendo un actor central dentro del sistema, aunque bajo nuevas condiciones. “ENDE va a seguir participando y va a ser un actor importante (…) pero ENDE tiene que competir bajo las mismas condiciones que los privados”, sostuvo, marcando un giro hacia un modelo más competitivo en el sector eléctrico.
Blanco también confirmó que el Gobierno avanza en la apertura del mercado a la inversión privada, actualmente concentrado en gran medida en manos estatales tras el proceso de nacionalización. “Nosotros vamos a abrir el mercado a los privados… queremos que el privado participe activamente, porque es el encargado del desarrollo económico conjuntamente con el fortalecimiento de ENDE”, señaló. En esa línea, adelantó que se trabaja en una nueva ley que establecerá el marco jurídico para la participación de todos los actores del sistema, mientras que la regulación tarifaria ya se encuentra vigente.
En referencia al financiamiento y la gestión, Edwin Antonio Malagón desde la experiencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), afirmó que se han estado liderando programas de préstamos para la modernización de hidroeléctricas, expansión de sistemas de transmisión y electrificación rural, subrayando también la importancia de contar con estructuras financieras sólidas y políticas públicas claras que permitan viabilizar inversiones de gran escala.
En esa línea, el especialista remarcó que “la transición energética no puede sostenerse sin planificación ni respaldo financiero, y que los organismos multilaterales cumplen un rol clave en acompañar a los países en este proceso, no solo con recursos, sino también con asistencia técnica para fortalecer capacidades institucionales”.
Por su parte, Claus-Bernhardt Josht aportó la visión de la cooperación internacional, centrada en el concepto de transición energética equitativa. “El objetivo del programa es fomentar y fortalecer la transición energética justa para la diversificación de la energía en conjunto con los socios bolivianos”, explicó, destacando que este proceso debe integrar eficiencia energética, innovación y nuevos modelos de negocio.
El representante de la GIZ también enfatizó la necesidad de fortalecer capacidades locales y promover el uso de energías renovables en distintos sectores productivos, alineando la transformación energética con el desarrollo económico.
A lo largo del conversatorio, otro elemento transversal fue el rol de la academia como articulador del proceso. “La academia tiene un rol fundamental”, se afirmó, al destacar su capacidad para generar conocimiento, formar talento humano y conectar al sector público, privado y la cooperación internacional en torno a objetivos comunes.
El cierre del panel se dejó claro que Bolivia tiene el potencial para construir un sistema eléctrico moderno, resiliente y sostenible, pero el éxito dependerá de decisiones estructurales en materia de regulación, inversión y apertura del mercado. En ese camino, la participación del sector privado, bajo reglas claras y una visión de largo plazo, aparece como una de las piezas clave, de acuerdo con los panelistas.