Ser emprendedor exitoso, gay y activista LGBTI en Bolivia

Página Siete / Julio 03, 2018

  

Fuente: Página Siete

Todos los días de su vida Ronald Yarari Palomeque elabora y vende 3.500 panes en San Buenaventura, en el norte de La Paz, abarcando casi la totalidad del mercado local. Su esfuerzo por establecerse como emprendedor gastronómico   le demanda la misma pasión que la lucha por los derechos de la comunidad LGBTI.

Se cumplió nueve años de la aprobación del Decreto Supremo 189/2009 que establece  “el 28 de junio de cada año como Día de los Derechos de la Población con orientación sexual diversa en Bolivia”.

La fecha coincide con el Día Internacional del Orgullo Gay, que actualmente es llamado también del Orgullo LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales) en conmemoración  a  los Disturbios de Stonewall en 1969, en Nueva York, Estados Unidos.

Para Yarari es una fecha que año tras año hace necesaria una evaluación sobre el camino recorrido por la comunidad LGBTI y todo el que falta por recorrer, sobre todo en localidades pequeñas como Rurrenabaque, Beni y San Buenaventura.

Hacer activismo público, en una sociedad en la que el machismo se nota a flor de piel, para visibilizar mis derechos ha sido una de las cosas más difíciles (…). Ser empresario y ser homosexual (en Bolivia) es ser visionario. Aunque en otro contexto sería normal, en el nuestro todavía hay que luchar por superar los prejuicios siendo lo que uno es. Demostrar que uno puede sin importar lo que digan”, detalla Yarari.

Nacido en Rurrenabaque y criado en San Buenaventura, lugar de origen de su familia, supo que era homosexual desde que tuvo uso de razón.

Haber asumido quién era y negarse a vivir en el “closet” en la capital de un municipio que tiene 8.672 habitantes (Censo 2012), le valió a Yarari ser víctima de bullying en la escuela, recibir golpes, insultos y ser discriminado por parte de habitantes de su localidad.

En algún momento temió por su vida, pero eso no lo intimidó y decidió estudiar gastronomía. En 2016 fue uno de los fundadores del Colectivo de las Diversidades Sexuales y de Género de Rurrenabaque. Su primera actividad fue organizar el evento Belleza Transformista.

Hoy, a los 31 años, es el director del colectivo, que tiene 15 miembros activos, y coordina acciones para difundir los derechos y la inclusión  de la comunidad LGBTI, y difundir las leyes y normativas en Bolivia que las contemplan.

Si bien reconoce que la gente hoy es más tolerante con los homosexuales, cree que la falta de inclusión y la discriminación es la problemática más palpable en estas dos localidades, sobre todo hacia la personas trans.

La discriminación hacia las personas trans se evidencia en el trato diario y en el acceso a la salud, ya que a pesar de asumirse como mujeres aún son tratadas como hombres.

A muchas compañeras les gustaría cambiar su nombre, como lo permite la Ley 807 de Identidad de Género, pero no cuentan con recursos económicos para viajar a las capitales de departamento cercanas para hacerlo”, apunta Yarari.

El Hornito Casero

La gastronomía fue algo que siempre le gustó, empezó trabajando en un restaurante en Rurrenabaque. Después de 17 años se había convertido en el cocinero a cargo.

Fue su madre, quien elaboró pan desde siempre, que lo animó a establecer su panadería y convertirse en emprendedor.

Poco a poco reunió dinero y en 2014 empezó a hacer el pan en su local que bautizó como el Hornito Casero.

Es un pan más rico, tiene leche, matequilla, es una receta de mi madre. Empecé haciendo pan con media arroba (…), actualmente hago pan con dos quintales de harina y obtengo alrededor de 3.500 panes que vendemos a 50 centavos la unidad”,  explica el emprendedor.

Desde las 12:00 hasta las 19:00 el Hornito Casero tiene sus puertas abiertas, en donde también se elaboran molletes, tortillas, empanadas dulces y saladas, además de  pan de arroz, dulce y con queso. Los domingos también se preparan tortas.

Sueños y una vicepresidencia

El sueño de Yarari es tener una gran panificadora y una cadena de restaurantes de comida típica. El paso inmediato es abrir un snack para vender majadito, locro, sonso y más en San Buenaventura.

Su impulso por ser una persona exitosa lo ha llevado a ser un líder deportivo que fomenta la práctica del básquet en su localidad  y organizar competencias con localidades aledañas.

Yarari es también vicepresidente de la Asociación de Jóvenes Emprendemás. Una entidad sin fines de lucro que   otorga un fondo rotatorio a los jóvenes interesados en formar parte para comenzar o fortalecer sus emprendimientos.

Este año la asociación, con apoyo del proyecto financiado por Christian Aid e implementado por Soluciones Prácticas, entregó 48.500 bolivianos a siete jóvenes de Rurrenabaque y San Buenaventura. Yarari fortaleció su emprendimiento gracias a este fondo en gestiones pasadas.

Cree que para llegar a ser representante de la juventud emprendedora fue muy importante ser honesto consigo mismo. Esa ha sido su fortaleza  desde siempre en un país en el que hay crímenes de odio registrados durante décadas y que no llegan a resolverse.

Está convencido que el amor propio es el combustible para demostrarle al mundo que nada lo va a detener  y que seguirá difundiendo los derechos de la comunidad LGBTI en ambas localidades.

Si bien se han lanzado leyes a favor nuestro, la realidad es otra, como tener una pareja y poder estar con ella en público, por ejemplo, aún la sociedad no se adapta (…). Las personas nos apuntan en la calle sin importar si somos buenos ciudadanos y eso es algo que tiene que cambiar”, enfatiza el activista.

Yarari cree que el precio que tiene que pagar por ser libre es lidiar a diario con las miradas, los murmullos, “pero eso me hace más fuerte. Ellos saben que no voy a bajar la cabeza y voy a seguir luchando”, concluye.

Comentar