Trigidia Jiménez es la reina de la cañahua

Página Siete / Abril 28, 2022

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Fuente imagen: Página Siete

El sentido común indica que en Toledo lo único que se puede sembrar es pobreza. El suelo es duro, las temperaturas son tan hostiles que pueden llegar a los 20 grados bajo cero y las lluvias escasean… por si fuera poco, ahí cerca está el río Desaguadero aprendiendo a sobrevivir hace muchos años. La carretera hacia Pisiga pasa por allá y a unos 38 kilómetros se encuentra la ciudad de Oruro.

“Allí donde otros ven pobreza, yo veo riqueza. El altiplano de Bolivia tiene su belleza”, explica Trigidia Jiménez, la mujer de 55 años que es la reina de la cañawa. Ella es galardonada como una de las Líderes de la Ruralidad de las Américas por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA). Es un reconocimiento internacional por su exitosa labor allí en Toledo, en uno de los lugares más complicados de Bolivia.

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¿Acaso una mujer no puede?

Trigidia suelta una duda: “¿Acaso una mujer no puede administrar?” y luego empieza a responderse a partir de otra pregunta: “¿por qué yo no puedo manejar una empresa? En la comunidad pensaban que una mujer no podía hacerse cargo de las empresas, yo sí pude y les demostré”.

Para conocer el final de su camino hay que comprender sus inicios. Trigidia nació en una familia de agricultores que se vio obligada a abandonar el campo cuando ella era niña, debido a que surgieron obstáculos para vender el trigo que producían.

Ellos dejaron la comunidad de Chaupi Molino, en el departamento de Chuquisaca, y su padre comenzó a trabajar como minero en la mina San José, en Oruro. Sin embargo, nunca abandonó su amor por la naturaleza y por la agricultura, y todos los fines de semana, al pie del cerro San José, enseñaba a su pequeña hija a cultivar papa y a reconocer y valorar las múltiples propiedades nutritivas y medicinales de las plantas nativas.

Jiménez heredó así la pasión por el campo y a los 18 años se atrevió a abordar una aventura que parecía vedada para la mayor parte de las mujeres en Bolivia: ir a la universidad y estudiar ingeniería agronómica.

Acabó los estudios y sus suegros le invitaron pito de cañahua. Ella probó aquel manjar por primera vez en su vida y descubrió que un nuevo mundo se abría en su boca. Preguntó por aquel maná y supo que era cañahua.

Éxito en tierra extrema

Cuando ella descubrió entre sus manos los granos de cañahua confiesa que tuvo una conexión que nunca antes experimentó. Ella, que tenía un título de ingeniera agrónoma al igual que su esposo, comenzó a pensar y recrear la forma de trabajar en este producto que, más de 15 años atrás, era consumido por unas 1.500 familias.

Sus suegros les regalaron una hectárea de tierra en Toledo, aquel lugar con temperaturas extremas y esperanzas casi nulas.

Trigidia, casada y madre de cuatro hijos, tenía distintas funciones y al igual que su esposo se desenvolvía en diferentes trabajos de la función pública y en consultorías. Pero ella quería volver a sus raíces.

Al conectarse con la cañahua, Trigidia decidió mudarse al campo, donde iniciaron la trabajosa construcción de la granja Samiri. Al regresar a la ruralidad, a los 45 años, la mujer volvió a ponerse las polleras y tuvo la satisfacción de reencontrarse con sus raíces.

Sacó a flote la administradora que tenía dentro. “Nos propusimos ser los primeros productores de cañahua para la comercialización de Bolivia. Hice un diagnóstico de todas las fortalezas y debilidades que tenía el cultivo. Nos pusimos objetivos a 10 años y durante los primeros cinco años sólo invertimos y fuimos construyendo la granja paso a paso”, cuenta.

Rescata el conocimiento ancestral y respetar el medioambiente

Trigidia recuerda que lo primero que tuvo claro es que, más allá de su saber técnico como ingeniera agrónoma, resultaba imprescindible rescatar el conocimiento ancestral y también respetar el medioambiente.

“La cañahua estaba olvidada por muchos factores. Antes de la Conquista era un alimento principal, pero luego fue reemplazado por otros introducidos en nuestro continente y se lo cultivaba a escondidas. Hasta las décadas de 1960 o 1970 no tenía un valor comercial. Cuando nosotros arrancamos, los campesinos sólo cultivaban cañahua para autoconsumo, pero yo dije a mi suegro que íbamos a lograr exportar”, contó recientemente al Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura.

Aquella única hectárea se convirtió en 80 hectáreas. La cañahua ya no es sólo un alimento que se sirve solo como pito, hay una gran variedad de productos que se hacen con este grano, desde harina cocida y precocida, pasando por barras energéticas y acabando en un novedoso whisky de exportación.

La cañahua también es una metáfora en la vida de Trigidia. “Me siento muy identificada con la cañahua porque yo he crecido y vivido en un ambiente difícil, en medio de machismo y de gente que no creía en mí como productora y empresaria. Pero me he hecho fuerte en la adversidad y acá estoy”, explica la mujer que es reconocida como la reina de la cañahua.

Reconocimientos que recibió Trigida

El Premio Líderes de la Ruralidad otorgado por el IICA es un reconocimiento para ella y para quienes cumplen un doble papel irremplazable: ser garantes de la seguridad alimentaria y nutricional y al mismo tiempo guardianes de la biodiversidad del planeta a través de la producción en cualquier circunstancia.

El reconocimiento, además, tiene la función de destacar la capacidad de impulsar ejemplos positivos para las zonas rurales de la región.

El premio, denominado “Alma de la Ruralidad”, es parte de una iniciativa del organismo especializado en desarrollo agropecuario y rural para reconocer a hombres y mujeres que dejan huella y hacen la diferencia en el campo del continente americano, región clave para la seguridad alimentaria y nutricional y la sostenibilidad ambiental del planeta.

Trigidia es un ejemplo y su reinado comenzó cuando pudo saborear un poco de pito de cañahua…

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