Tres mujeres que vencieron la pobreza con emprendimientos

Página Siete / Marzo 08, 2018

  

Fuente: Página Siete

Para muchas mujeres, surgir es complicado pero no imposible, ya que varias de ellas vencieron la pobreza con sus emprendimientos.

Hoy, en el Día Internacional de la Mujer, Página Siete cuenta las historias de tres emprendedoras, que pese a las vicisitudes que encontraron en el camino, alcanzaron el éxito y hoy son propietarias de grandes negocios.

Ellas progresaron gracias al apoyo de sus familiares, pero también por la confianza que recibieron de entidades financieras que confiaron en sus planes.

Los emprendimientos de estas mujeres son un ejemplo para su entorno, por lo que, en algunos casos, sus hijos siguen sus pasos para expandir el negocio que fundaron hace varios años.

Lo que comenzó como una actividad modesta, hoy está en puertas de ser una franquicia  o una cadena de sucursales repartida por toda la ciudad.

Estas mujeres, orgullosas, ahora recomiendan a sus pares hacer realidad sus sueños sin temor, pues es así como comienza todo, sólo con un sueño.

“Comencé mi negocio por necesidad y luego por oportunidad”

Janis Paredes no sabía que el sabor de las jawitas que se venden en las panaderías de la población de Chulumani serían las que la llevarían al éxito.

Durante 12 años trabajó en el sistema público, pero después de ese tiempo quedó desempleada.

No sabía qué hacer, era mamá soltera con un niño pequeño y con varias necesidades por atender”, recordó Janis, que es profesional en ingeniera comercial.

La necesidad la llevó a abrir un negocio, en el que imprimiría su esfuerzo e identidad. Fue así que optó por las jawitas, una idea que compartió con su mamá. “Ella me dijo que aquí nadie las conocía, pero yo le dije que eso me lo deje a mí”.

El negocio comenzó a funcionar en una tienda cerca al pasaje Ortega. Entonces se cortó sus cuidadas uñas, se amarró el cabello y dejó de lado los tacos, para ponerse zapatillas y salir a vender las empanadas de queso a las calles, como ambulante.

Comencé vendiendo 70 jawitas por día, pero ahora, en las tres sucursales, vendemos hasta 3.000 por jornada”, señaló.

Hace un tiempo, Janis volvió a trabajar al sector público, pero ya no se sintió cómoda, por lo que renunció.

Me di cuenta que lo mío es ser independiente”, declaró, antes de mencionar que tramita la franquicia de su marca.

Desde sus 14 años, Rogelia Cristina Mamani se interesó por el mundo de la belleza. A ella le gustaba maquillar y peinar a las mujeres para mejorar su autoestima y su imagen.

Comencé con una peluquería de barrio, con las cosas muy básicas”, comentó, quien luego de 24 años de labor hoy es dueña de una de las cadenas de belleza más grandes de La Paz.

Cada agencia es independiente y algunas sólo llevan la marca Cristina Spa, una iniciativa que nació “por amor propio”, según su propietaria.

Ahora la mujer tiene más empoderamiento, más independencia económica, por lo que está la necesidad de verse bien y nosotros facilitamos la dedicación en ese ámbito”, dijo.

De ser sólo un salón de cortes y peinados, la oferta de Cristina Spa ahora incluye el cuidado integral de todo el cuerpo: pies, dedos, rostro y cabellera.

La cadena de salones de belleza llegó hace cinco años a la zona Sur, con préstamos de varias entidades financieras.

Cristina cuenta con más de 10 trabajadores, además de pasantes de institutos, a quienes les enseña de forma personalizada sobre el arte de la  belleza.

Gracias a este negocio  los “cinco hijos espirituales y dos propios” de Cristina estudian y algunos ya llegaron a recibirse como profesionales.

Margot Silvestre es una de las diseñadoras más reconocidas de prendas para mujeres de pollera de la danza de la morenada.  Sus creaciones combinan a la perfección con el cetro y la matraca, los accesorios infaltables de la china morena y la cholita, respectivamente.

El innovador uso de materiales y diseños novedosos en los trajes son elementos que cautivaron a los bailarines que adquirieron sus prendas.

La ahora diseñadora estudió en el colegio Loretto de La Paz y luego arquitectura. Sin embargo, su destino estaba en la confección de ropa y particularmente  de prendas y accesorios que requieren de habilidades manuales únicas.

De ese modo combinó su pasión por la danza de la morenada, su fe en el Señor de Gran Poder  y su profunda inclinación por el diseño, una singular mezcla que se tradujo en un emprendimiento propio que se convirtió en su sustento.

Antes los diseños eran muy sobrios, pero a mí me gustan los brillos y la pedrería. Comencé con mis prendas, después hice el diseño para todo mi bloque (de Los Intocables) y finalmente me animé a abrir un negocio “porque esto realmente me gustaba”, compartió.

La fama de Margot se extendió entre los folkloristas y hoy es una próspera diseñadora.

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