
La transformación digital del sistema financiero boliviano ha dejado de ser una tendencia para convertirse en un proceso estructural. En ese escenario, Banco FIE ha definido una estrategia centrada en la inclusión, la innovación y la experiencia de la clientela como pilares de su crecimiento.
Karoline Terán, Gerenta Nacional de Marketing Estratégico de Banco FIE, resume este cambio con claridad: “La banca digital ha dejado de ser un canal alternativo para convertirse en el eje central del sistema financiero”.
Sin embargo, el fenómeno no se limita a la incorporación de tecnología. “La transformación boliviana no solo ha sido tecnológica, sino cultural”, afirma, en referencia a la adopción masiva de herramientas digitales por parte de usuarios que antes operaban fuera del sistema financiero.
Crecimiento del sistema de pagos
Uno de los motores de este cambio ha sido el crecimiento del ecosistema de pagos electrónicos, particularmente el QR interoperable. Este mecanismo ha democratizado el acceso a transacciones digitales y ha ampliado el alcance de la banca hacia segmentos tradicionalmente excluidos.
En 2025 se registraron más de 890 millones de transacciones en QR y en donde más del 50% de las transacciones corresponden a montos menores a Bs 50, lo que refleja su uso cotidiano en la economía de base y su impacto directo en la inclusión financiera.
En ese contexto, Banco FIE ha desarrollado soluciones orientadas a facilitar el acceso y mejorar la experiencia del cliente. Entre ellas se destacan la apertura de cuentas digitales, que permite a los usuarios integrarse al sistema financiero desde su celular; la digitalización de depósitos a plazo fijo, con tasas de hasta 7,75%; y herramientas como Fie ProPlus, que optimizan el acceso a microcréditos.
A esto se suma la incorporación de nuevas tendencias vinculadas a activos digitales y operaciones internacionales, en línea con un mercado cada vez más dinámico.
No obstante, la entidad reconoce que la digitalización no reemplaza el contacto humano. “Existe una convivencia cercana y real relevante con nuestra clientela en el contacto presencial”, explica Terán.
Este enfoque híbrido responde a una característica estructural del mercado boliviano: la necesidad de construir confianza. En ese sentido, el desafío no es únicamente tecnológico, sino también relacional.
Desde una perspectiva más amplia, la ejecutiva identifica desafíos clave para el sistema financiero: la modernización de la infraestructura tecnológica, el fortalecimiento en ciberseguridad, el acompañamiento y evolución del marco regulatorio y la necesidad de consolidar una cultura y experiencia digital dentro de las organizaciones.
En ese proceso, la tecnología debe ir acompañada de cercanía. “Es fundamental humanizar la tecnología y combinarla con una atención personalizada”, enfatiza.
En términos de inclusión financiera, el impacto de la digitalización es significativo. Las billeteras móviles, el uso del QR y la interoperabilidad permiten ampliar el acceso a servicios financieros en zonas rurales y periurbanas, mientras que la generación de historial transaccional abre nuevas oportunidades para la evaluación crediticia.
El sistema financiero boliviano, además, avanza hacia un escenario de mayor integración tecnológica. Aunque el open banking aún no está plenamente regulado, las entidades ya operan con arquitecturas basadas en APIs y microservicios, sentando las bases para una futura evolución.
La inteligencia artificial, por su parte, comienza a consolidarse como una herramienta clave. “La IA no reemplaza el criterio humano, pero potencia la capacidad de análisis de datos y mejora la experiencia del cliente”, explica Terán.
Asimismo, anticipa que, de cara a los próximos años, la transformación será aún más profunda.