En clave de innovación llega Bolivia a la sede del BID

Página Siete / Marzo 19, 2018

  

Fuente: Página Siete

Con la bandera de la innovación por delante, una comitiva de experiencias bolivianas llegó, a mediados de febrero, a la sede del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), situada en Washington, Estados Unidos.

Varios líderes de estas experiencias, ligadas a cuatro espectros distintos, compartieron todo su aprendizaje con el público que participó en la conferencia organizada por el BID. Encuentro que se desarrolló en el marco del proyecto Mosoj Bolivia Innova.

Este proyecto, como su nombre indica, muestra lo “nuevo” que se produce en Bolivia, pero entendiendo que la acepción nuevo no hace referencia a una experiencia reciente, sino porque propone innovaciones para transformar situaciones preexistentes.

Mosoj quiere decir nuevo en quechua y tratamos de traer algunas de las líneas de innovación que se están produciendo en Bolivia y que transforman y mejoran vidas, que están produciendo transformación en áreas disímiles como el transporte o la  gastronomía”, señaló en el arranque del encuentro, Alejandro Melandri, representante del BID en Bolivia.

Mosoj mostró iniciativas que se generaron desde el ámbito público y privado en el país y que pueden replicarse en otras regiones, señala un boletín de la entidad.

En el encuentro participaron más de 300 personas, quienes observaron “fotografías, relatos y vídeos” que les mostraron “una Bolivia diferente y que impacta favorablemente en la vida de las personas”, destaca el texto.

Entre los invitados había dos representantes de propuestas culinarias que han colocado a la cocina boliviana en niveles cercanos a los avances mundiales de esta especialidad; un experto en software que ha construido una suerte de “sillicon valley” en Cochabamba; un personero de Mi Teleférico, quien señaló que esta obra permite mejorar la calidad de vida de los usuarios; y el proyecto de educadores urbanos de La Paz, conocido más allá de las fronteras bolivianas, gracias al personaje de la cebra.

Creemos que en Bolivia hay un variado menú de innovación que amerita conocerse (…) Hay una producción e innovación en áreas disímiles, tecnología, transporte urbano y educación ciudadana, tanto en el ámbito público, como el privado”, comentó Melandri en Washington.

Estas propuestas, además de proponer transformaciones y respuestas para las demandas del entorno, tienen en común que han generado empleos, beneficiaron a sectores de la población de bajos recursos y han propiciado la “realización cultural, profesional y personal para miles de jóvenes”, según Melandri.

El texto del BID destacó: “El desafío (para organizar el Mosoj Bolivia) fue distinto al que tradicionalmente usa la cooperación. No trajeron (a Bolivia) a los interesados en los proyectos.  Llevaron los proyectos hasta la sede central y consiguieron interesar a funcionarios del BID, de otros organismos de cooperación, universidades y de la propia comunidad boliviana, para que escuchen en la voz de sus protagonistas sobre estas experiencias innovadoras”, una palabra que se escuchó muchas veces esa mañana.

“Otra cultura de alimentación”

Ese es uno de los objetivos más importantes para el restaurante de alta cocina Gustu, según dijo su jefa de cocina Marsia Taha, quien formó parte de la delegación que estuvo presente en la sede del BID, en EEUU, para mostrar las innovaciones del país, en el marco del proyecto Mosoj Bolivia.

“(Buscamos) hacer conocer y difundir la variedad cultural de Bolivia”, explicó Taha. El proyecto gastronómico tiene una especial consideración hacia los ingredientes locales, los cuales son el foco de estudio en su Laboratorio de Alimentos y provienen de productores locales y ecológicos, una de las premisas fundamentales de la Cocina kilómetro cero, tipo de tendencia culinaria que forma parte de la filosofía integral del restaurante.

La chef señaló que Gustu tiene alianza con proveedores nacionales que garantizan el origen de los alimentos. Citó como ejemplo a los productores de lagarto del norte paceño.

Taha añadió que el proyecto educacional, responsabilidad social empresarial, empezó con 60 estudiantes y, hasta la fecha, benefició a 4.000 jóvenes. Esto con el apoyo de organizaciones como Melting Pot e ICCO (cooperación internacional). Unión que permitió el surgimiento de las escuelas Manq’a (comida en aymara). Más de la mitad de esos jóvenes tiene un empleo en el área y el resto trabaja con iniciativas propias. (Miguel Aramayo).

“Tiempo con mi familia”

Con esta frase, el gerente  ejecutivo de Mi Teleférico, César Dockweiler, recordó la reacción de un mesero que, casualmente,  se enteró del transporte de pasajeros que aún existía sólo en planos y diseños.

El joven trabajador, atraído por el debate de los técnicos, reaccionó emocionado cuando escuchó que iba a recorrer la distancia que separa a El Alto de La Paz, en 15 o 20 minutos, gracias a las cabinas que serpentean sobre las calles de las dos ciudades y que, para 2019, cubrirán 32 kilómetros, conectados entre sí desde 33 estaciones de carga y descarga de pasajeros, tendidas en ambas urbes.

El directivo señaló que este joven garzón vivía en El Alto y le contó que todas las mañanas sale a trabajar a primera hora de la mañana y no tiene la posibilidad de regresar a su casa hasta la noche, situación que le impedía gozar de la cercanía de sus hijos y de cuidarlos y atenderlos como correspondía.

Él estaba feliz y le brillaban los ojos porque sabía que su calidad de vida iba a mejorar”, comentó el directivo, quien centró su discurso en la presentación auspiciada por el BID, en febrero de este año en su sede de Estados Unidos.

El teleférico le hizo realidad sus sueños. Esto nos demostró que tenemos que pensar menos en indicadores fríos y aprender a mirar más de cerca las necesidades de la gente, solo así es posible cambiar vidas”, reflexionó Dockweiler.

Sazón casera con sabor de la abuela

Sebastián Quiroga estudió gastronomía en Londres y, a su retorno a Bolivia, tenía el deseo de poner en marcha un proyecto gastronómico que rescatara los recuerdos culinarios de su infancia. “Vengo de una familia tradicional boliviana”, arrancó su exposición y llevó a los participantes al pasado. “Nos encanta cocinar, compartir y comer en grandes cantidades, como todos los bolivianos”, pero él no solo quería recrear a sazón del hogar, también quería transformarla con una propuesta 100% vegetal.

El chef es propietario del restaurante Alipacha (universo de las plantas en aymara), propuesta ganadora de varios premios internacionales. “Es un menú de degustación y el comensal no tiene la posibilidad de elegir qué va a comer”.

La decisión de Quiroga de ofrecer sabores bolivianos con insumos 100% nacionales, que ya es un desafío en sí mismo, asustó a su familia. “Cuando dije que iba a abrir un restaurante de comida tradicional en pleno centro me dijeron que fracasaría”, debido a que existe “una desconexión cultural alimentaria” y el restaurante está ubicado en pleno centro, donde predomina la oferta de “pollo frito y gaseosas”.

Pero Quiroga no tenía mal apuntada la mira, su propuesta de comida consciente ganó premios internacionales, y el temor de que los comensales reclamen  la sazón de la abuela en los platos desapareció.

Innovación tecnológica

Jorge López estudió en Estados Unidos, ahí se empapó de las nuevas corrientes de la ingeniería de sistemas y amasó  ingresos económicos. En la cúspide de su carrera se enfrentó a una decisión trascendental: “me quedó (en EEUU) o retorno a mi país”.

Al final volvió a Bolivia y en Cochabamba creó el “sillicon valley” boliviano: Jala, una industria en la que ingenieros bolivianos desarrollan software para el mercado internacional.

No obstante, Jala no sólo es una industria, también es una fundación dedicada a la educación.

“La formación de ingenieros en Bolivia tiene un 35% de  deficiencia”, en relación con otros países más adelantados. Lo mismo ocurre con la educación escolar. La fundación Jala, el brazo social de la empresa, instruye a estos profesionales para cerrar esa brecha y, entre otros logros, ha llegado a cerca de un centenar de profesionales que trabajan en los predios de Jala.

Paralelamente, la fundación también ha comenzado a formar a  escolares,  con el proyecto Jaque Mate, que ya ha llegado a 1.800 jóvenes, para dejar atrás la enseñanza memorística y repetitiva, comunes en las unidades educativas nacionales.

Las ideas y proyectos de López han ganado el respaldo del público y de varias instituciones, como el propio BID o las más de 300 escuelas Don Bosco instaladas en Bolivia por la orden religiosa salesiana.

Empleos, creación, felicidad y amor

El público que asistió a la conferencia Mosoj Innova Bolivia, realizada en la sede del BID en Washington, no pudo evitar aplaudir cuando un peluche caminante tomó el escenario. Era Soledad Pathi, una joven mujer que trabaja como educadora urbana en las vías paceñas.

Cuando nací como cebra  no sabía dónde estaba, no conocía pasos peatonales ni señalizaciones; una amiga de mi mamá, ella es lustrabotas,  le dijo que yo podía trabajar ahí ”, recordó Pathi.

El temor que le provocaron los primeros días de trabajo, por el tráfico o las agresiones de los choferes, desapareció rápidamente.

Es la aventura más hermosa de mi vida, me ha dado una vocación, yo soy parvularia; doy talleres y enseño a colocarse en el lugar del otro, amar lo que haces, el espacio, tu entorno, tu ciudad, valorarla y quererla porque es tu casa y hay que cuidarla”, dijo  debajo de la máscara.

Hasta la fecha, centenares de adolescentes trabajaron en el programa. Ellas y ellos están encargados de llevar adelante  el proyecto de educación ciudadana  más exitoso de los últimos años.

Esto es más que un trabajo, es una forma de vida”, dijo el responsable del programa Sergio Caballero. “Este trabajo me ha cambiado la vida. Estoy dedicado plenamente; más que un trabajo es una forma de hacer las cosas, Es inspirar a las personas a ser mejores: esta es la filosofía cebra”.

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