
¿Cómo se mide el éxito de una feria en 2026? Durante décadas la respuesta parecía sencilla: más visitantes, más expositores y mayores intenciones de negocio. Sin embargo, a 45 días de que Expocruz abra las puertas de una edición histórica —la que celebrará 50 años como feria internacional—, el indicador que concentra la mayor atención ya no está en la cantidad, sino en la calidad de la experiencia. La organización decidió incorporar encuestas elaboradas por empresas especializadas para medir el nivel de satisfacción de visitantes y expositores, un parámetro que hoy orienta buena parte de las decisiones con las que prepara la principal muestra multisectorial del país.
Los resultados de la versión 2025 marcaron un punto de inflexión. La satisfacción de los visitantes superó el 90%; los niveles de recomendación para asistir a la feria estuvieron por encima del 70%, mientras que la satisfacción de los expositores también rondó el 90%, cifras que, según Expocruz, superan ampliamente los estándares internacionales utilizados por la industria ferial.
Ese cambio refleja una transformación mucho más profunda. Las ferias dejaron de ser únicamente vitrinas comerciales para convertirse en escenarios donde se construyen relaciones empresariales, se acelera la innovación y se abren mercados. Strauss plantea una comparación que ayuda a entender esa evolución: así como los aeropuertos conectan personas, las carreteras unen regiones y los puertos movilizan mercancías, las ferias cumplen la función de conectar empresas con oportunidades y clientes. En otras palabras, son parte de la infraestructura económica que necesitan los países para impulsar su desarrollo.
“La cantidad no es el indicador principal”, resume el gerente general de la institución, Raúl Strauss, al explicar que el objetivo ya no consiste únicamente en atraer público, sino en lograr que quienes participan cumplan sus expectativas y regresen en las siguientes versiones.
Esa visión adquiere especial relevancia en un contexto económico complejo. En diez días de feria confluyen más de 30 delegaciones internacionales, empresas de distintos continentes, emprendedores, inversionistas y compradores que encuentran un espacio para generar alianzas sin salir del país. “El poder estar con más de 30 delegaciones internacionales sin necesidad de pasaporte, en un solo lugar, hace que se generen oportunidades, haya un cruce cultural y un intercambio de innovación y tecnología”, afirma Strauss. Para muchos pequeños negocios, ese encuentro reduce tiempos y costos: contactos comerciales que podrían tomar meses o incluso años pueden concretarse durante la muestra, mientras sectores como el café, el turismo, la industria o la producción agropecuaria encuentran una vitrina para abrir mercados y proyectar exportaciones.
El impacto no termina cuando se apagan las luces del predio ferial. Expocruz estima que la edición pasada reunió a más de medio millón de visitantes, 2.300 marcas y generó más de 200 millones de dólares en intenciones de negocio. Pero Strauss sostiene que el verdadero trabajo comienza después del último día de feria. Es entonces cuando los contactos se convierten en contratos, las reuniones evolucionan hacia inversiones y las oportunidades comerciales empiezan a materializarse durante los siguientes meses. “La feria realmente no comienza el primer día, sino comienza el último día, para el expositor”, explica.
Ese movimiento también se refleja fuera del predio. Hoteles, restaurantes, transporte, comercio y una amplia cadena de servicios reciben el impacto de la llegada de cientos de miles de personas. La feria se convierte durante diez días en uno de los principales dinamizadores de la economía urbana de Santa Cruz y en un punto de encuentro para empresas bolivianas que buscan ampliar mercados, incorporar nuevas tecnologías y encontrar un activo indispensable para invertir a largo plazo: la confianza.
La edición 2026 combinará ese componente empresarial con una propuesta orientada a mejorar la experiencia del público. Habrá promociones familiares, horarios con tarifas diferenciadas, ingreso gratuito para menores en jornadas específicas y nuevos espacios remodelados dentro del predio, una estrategia que busca ampliar el tiempo de permanencia de los visitantes y fortalecer el vínculo entre la feria y las familias bolivianas.
En su aniversario número 50 como feria internacional, Expocruz también proyecta su influencia más allá de las fronteras. Actualmente preside la Asociación de Ferias de Iberoamérica y trabaja junto a organizaciones referentes del sector, como IFEMA Madrid, La Rural de Buenos Aires, Expo Guadalajara y ExpoComer Panamá. Esa red de cooperación confirma que la industria ferial dejó de ser únicamente un calendario de eventos.
Hoy, Expocruz constituye una plataforma de integración económica, transferencia de conocimiento y generación de oportunidades que, a 44 días de una edición histórica, busca demostrar que el verdadero éxito no se mide solo por la cantidad de personas que cruzan sus puertas, sino por el valor que esas conexiones generan para la economía.