Economía

Experto: “El empleo juvenil es la clave del desarrollo”

Los Tiempos / Enero 25, 2016

especialista Carlos Lopez

Carlos López Gamboa Fuente: Los Tiempos

Carlos Antonio Arze Quiroga es un profesional boliviano con amplia trayectoria laboral en organismos internacionales como el BID y la OEA, entre otros. Una de las áreas de su especialidad es la juventud, porque considera que el futuro de nuestros países depende de cómo se engrana a los jóvenes dentro de un determinado modelo económico y cómo se les da una visión de su propio futuro.

Actualmente, trabaja en Surinam, antigua Guayana Holandesa situada al norte de América del Sur, en la Fundación Panamericana para el Desarrollo (PADF, por su sigla en inglés).

El especialista visitó hace unos días Cochabamba y accedió a una entrevista con Los Tiempos (LT) en la que detalla tanto el trabajo que realiza con los jóvenes de Surinam como el que ya hizo en la mexicana Ciudad Juárez. Da, además, algunas pautas de cómo debería enfrentarse en Bolivia el problema del desempleo juvenil.

Problema del desempleo juvenil

Los jóvenes y su reinserción al mercado laboral es un tema en el que Arze trabaja hace varios años. Sin embargo, aclara que el tratamiento del desarrollo juvenil no tiene que ver con una labor de inclusión social o asistencialismo, sino que debe abordarse como clave para el “crecimiento y estabilidad económica para los países”.

Destaca que en los últimos dos años, los tres temas que se han discutido en el Foro Económico Global y que más afectan a la humanidad en términos de inestabilidad y crecimiento son justamente el cambio climático, la disparidad de ingresos y el desempleo juvenil.

Explica que los jóvenes con los que trabaja han abandonado por alguna razón el sistema educativo, o han estado en correccionales tras infringir el orden legal y penal de la sociedad.

Si bien tenemos una base de la sociedad civil organizada trabajando con nosotros, las alianzas con el Gobierno y con el sector privado son primordiales para abrir puertas para estos jóvenes. Y lo otro es tratar de no juzgar. Los jóvenes sienten que en sus casas los ven como a inútiles porque abandonaron la escuela y pierden la autoestima y su visión de futuro en un modelo económico donde ellos ven que no pertenecen”, dice Arze, por eso “el tema es cómo dar a un joven una visión de su propio futuro y cómo este puede controlar los pasos para cumplir sus metas”.

LT: ¿Cuál es el trabajo concreto y las dinámicas de campo que realizan con los jóvenes, tanto en Surinam como en Ciudad Juárez?

Carlo Arze (CA): La idea es construir un modelo integral entre el sistema judicial, penal y los centros de corrección. Es un tema primordial para evitar que los jóvenes que han entrado una vez a la cárcel vuelvan a hacerlo.

Tratamos de atacar el problema desde el inicio sobre cómo un joven puede mantenerse en la escuela, tratamos de construir un conjunto de habilidades para la vida dentro del sistema escolar. Tenemos a miles de participantes, particularmente en México pero también en Surinam. Les enseñamos habilidades para la vida como autoestima, comunicación efectiva, trabajo en equipo y un conjunto de factores requeridos para tener éxito.

LT: ¿Son ustedes los facilitadores?, ¿cómo engranan con los jóvenes?

CA: Para los jóvenes desempleados y los que no están en la escuela, la metodología, tanto en la frontera norte de México como en Surinam, es identificar a jóvenes de la comunidad y entrenarlos a ellos como facilitadores del proceso de cambio.

Además de enseñar habilidades para la vida, también instruyen en módulos de empleabilidad. La característica es que el proceso se da entre jóvenes: los que enseñan y los que aprenden. Y qué mejor que eso. Si yo me paro enfrente de un joven y le digo: “Mira, lo que tienes que hacer es lo siguiente”, no tengo ninguna credibilidad. En cambio un joven líder de su comunidad es una persona que se relaciona con su problemática.

Hemos trabajado con jóvenes no solamente como facilitadores, sino con otros jóvenes ya graduados universitarios, no de la misma comunidad pero sí como consejeros.

LT: ¿Qué resultados han obtenido con esta experiencia?

CA: El facilitador y el consejero trabajan con el joven no sólo para trazar un plan de vida, sino también su plan ocupacional.

El 50 por ciento de los jóvenes que participa en estos cursos, dentro sus propias comunidades, en seis semanas logra un empleo digno.

En una sociedad donde el 99 por ciento de los empleadores dice: “Yo no voy a contratar a un joven que no haya terminado la secundaria”. Y el 100 por ciento de jóvenes con los que yo trabajo no acaba la secundaria.

Lamentablemente, son jóvenes donde el único sinónimo de éxito que ven es la casa grande, el auto deportivo, la novia bonita y ven que la única manera de alcanzar eso es metiéndose en asuntos delictivos. Y eso está sucediendo en países que ven lo material como el fin en sí mismo. Y para un joven tener que trabajar durante ocho horas diarias no es un éxito, por el contrario es un fracaso porque no logran sus objetivos materiales.

Esto porque la misma sociedad te induce a que lo material es lo importante. Parte de los módulos que les brindamos es para ayudarles a tener autoconfianza para que ellos mismos definan cuáles son los atributos que cada uno tiene y que podrían hacer una diferencia.

LT: ¿Qué otras características tienen los jóvenes a los que está dirigido este programa?

CA: Las características de riesgo pueden cambiar desde dependencias del alcohol hasta varios tipos de drogas. El 80 por ciento de los jóvenes con quienes trabajamos actualmente en Surinam viene de familias donde no están ni la madre ni el padre.

Si es que existe una madre es una gran ventaja porque trabajamos a nivel de familia y de comunidad para cerrar el círculo.

Los perfiles de riesgo son que no acabaron el bachillerato, vienen de barrios marginales, los empleadores no les dan una oportunidad. Son barrios marginales con familias de escasos recursos.

Pero hemos visto tremendas transformaciones en las comunidades y las familias. Todo nace del propio joven que ayuda a su comunidad. Los jóvenes que han tenido éxito han querido ser también facilitadores y tratan de ayudar a los miembros de sus propias comunidades.

LT: ¿Cómo estos programas de reinserción de los jóvenes al mercado laboral benefician a la sociedad o, caso contrario, perjudican en caso de no hacerlo?

CA: Afecta, y afecta muchísimo. Si bien el fuego puede apagarse en Ciudad Juárez que ahora es una ciudad que tiene un índice de homicidio mucho más bajo que varias ciudades norteamericanas, la mafia y el narco continúan. Que firmen la paz entre diferentes cárteles no significa que el tráfico de drogas no esté sucediendo. Este panorama se acerca a Centroamérica y a Surinam.

Si en nuestros países los jóvenes no tienen alternativa o una visión de su futuro se van a involucrar sea en el narcotráfico u otros rubros de la mafia, lo vemos en Bolivia y en muchos otros países. Y el costo para la sociedad es tremendamente alto porque es una persona que ya no contribuye al crecimiento económico de una sociedad.

LT: ¿En el caso de Bolivia, cuya realidad en niveles de pobreza y desempleo está igual o peor que en muchos países de América Latina, que les recomendaría a los responsables de este tipo de políticas sociales?

CA: Hemos fallado en integrar a la voz joven en los procesos de formación de políticas. Aquí hay jóvenes sumamente talentosos con muchas ganas de contribuir y que simplemente no están encontrando el cómo.

Un tema primordial es integrar a los propios jóvenes en determinar políticas que pueden ayudar en su crecimiento. Otro tema es simplemente no juzgar. Tenemos esa tendencia de ver el tatuaje, el pelo, largo y las fachas e inmediatamente uno dice: “Este es un joven que no merece estar cerca de ningún familiar mío”.

Se crea en la sociedad esta estigmatización en contra del joven, donde justamente el desempleo juvenil es el doble. Porque piensan que este tipo joven es irresponsable, no es puntual o no podrá trabajar en equipo.

Hay que alinear a los jóvenes en la generación de políticas de empleo; no estigmatizarlos ni juzgarlos.

Perfil

Carlo Antonio Arze Quiroga nació en La Paz (Bolivia) de familia cochabambina (padre y madre). A los cinco años dejó el país para residir en Estados Unidos.

Estudió Economía y Desarrollo Latinoamericano. Trabajó en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Uno de los primeros programas en los que trabajó fue justamente con la Fundación Internacional para la Juventud (IYF por sus siglas en inglés), en la frontera norte de México con programas para jóvenes en Tijuana y Ciudad Juárez en 2010, en ese momento mataban a 10 jóvenes cada día.

Trabajó en el programa “Entra 21” en temas de empleabilidad juvenil y uso de técnicas de información para jóvenes.

También desarrolló actividades en Trinidad y Tobago en el diseño del programa para jóvenes del BID.

Trabajó en Paraguay con el sector educativo por cuatro años y también en Brasil.

Cuenta Arze que “luego salí del BID después de 19 años porque gané un concurso de méritos para el cargo del Director de Juventud y Deporte de la Unesco en París. Lastimosamente, antes de asumir el cargo me pidieron que movilice al Gobierno de Bolivia para que paguen un endeudamiento que tenían con la Unesco, les dije que yo soy un técnico y nada tengo que ver con el Gobierno. A raíz de eso no asumí el cargo”.

Estuvo cuatro años con IYF y los últimos dos años con la Organización de Estados Americanos (OEA) dentro la Fundación Panamericana de Desarrollo. Actualmente trabaja en Surinam.

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